La lactancia es una etapa de la vida en la que la madre establece un vínculo afectivo con el bebé, además de ofrecerle un alimento que cubre sus necesidades nutricionales y le protege de infecciones.

Amamantar es la forma más natural de alimentación infantil. Biológicamente estamos diseñados para dar y recibir leche materna, pero dar el pecho no deja de ser una habilidad que requiere práctica y cierto aprendizaje. Esto es especialmente cierto en el contexto de hoy en día, en que hemos perdido una generación de conocimientos que se transmitían madre-hija debido a la generalización del uso de leches infantiles en los años 70.

Así pues, no es arbitrario que las recomendaciones internacionales de la mano de la OMS, sean ofrecer lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses; y que, llegada esta edad, el destete se realice de forma gradual de manera que la lactancia se mantenga durante un tiempo no inferior a los dos años.1

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