Durante la plétora fisiológica, lo que se conoce como “subida de la leche”, los pechos pueden estar muy llenos. Esto es fisiológico y se resuelve rápidamente mediante la succión efectiva y el vaciamiento de la leche por parte del niño. Si esta situación no se resuelve puede desembocar en ingurgitación13.

Cuando se produce una ingurgitación, el pecho está repleto tanto de leche como de líquido tisular; estando obstruido el drenaje venoso y el linfático, obstaculizándose el flujo de leche y aumentando la presión en los conductos lácteos y alvéolos13.

Tanto en la plétora fisiológica como en la ingurgitación, se afecta habitualmente la totalidad de los dos pechos y aunque ambas afecciones se confunden a menudo, hay diferencias importantes entre ellas:

  • Un pecho lleno se nota caliente, duro y firme, no estando brillante, ni edematoso ni enrojecido. Habitualmente, la leche fluye bien, incluso goteando espontáneamente, por lo que al niño le resulta fácil succionar y vaciar el pecho.
  • Un pecho ingurgitado está agrandado, hinchado y doloroso, pudiendo estar brillante y edematoso con áreas enrojecidas difusas. Además el pezón puede estar estirado y aplanado.

Se puede aliviar la ingurgitación que sucede en los primeros días facilitando la lactancia a demanda, frecuentando las tomas en los días tras el parto, y permitiendo que el bebé vacíe cada pecho completamente. Una vez instaurado el edema, la aplicación de frío local y la administración de antiinflamatorios ayudan a disminuir el dolor y la congestión. Durante estos días es importante prestar atención al agarre del bebé, ya que puede estar dificultado debido al aplanamiento del pezón por el exceso de líquido. Si esto sucede, la extracción de leche justo antes de la toma y la aplicación de calor local hasta conseguir ablandar la areola pueden facilitar el agarre12,13.

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